Aserrín por Marco Martos
Los relatos fantásticos de Alfredo Castellanos – Marzo de 2026
Uno de los autores más notables de la ficción en el Perú de los años
cincuenta es Alfredo Castellanos Barreda (1928-1976), quien fue uno de los contertulios que inspiró la novela de Julio Ramón Ribeyro Los geniecillos dominicales. Castellanos tiene una prosa peculiar, imantada, que nos seduce como un cuento de Kafka o las páginas de Martín Adán en La casa de cartón. También podemos sentir la presencia del más misterioso Valdelomar y del Vallejo de Escalas. Indiferente a todo lo que puede ser prestigio o figuración, como lo haría años después Luis Hernández, solía obsequiar sus textos inéditos a los amigos cercanos: Eleodoro Vargas Vicuña. Jorge Eduardo Eielson, Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez. No pensaba en libros, sino en cuentos. El azar de la vida ha querido que ese aparente descuido sirva más bien para rescatar una parte muy valiosa de su producción, pues algunos de estos allegados, amigos de la esposa de Castellanos, Esperanza Ruiz, figura emblemática de esos años y profesora de San Marcos, han contribuido entregando originales que tenían guardados para dar lugar a la publicación Relatos fantásticos de Alfredo Castellanos publicado en 2006 por editorial San Marcos que dirigía Aníbal Paredes y que todavía, con algún esfuerzo puede hallarse en librerías, pero que naturalmente está en las bibliotecas más importantes como la Nacional del Perú o la de la Universidad de San Marcos.
Durante un tiempo, merced a un trabajo que tuvo en la Compañía Peruana de Vapores, viajó Alfredo Castellanos y estuvo en Panamá, San Francisco, Vancouver, Hanover, y conoció los puertos del Japón y China. Sin embargo, no hay rastro en su escritura de ese conocimiento, porque lo que interesaba a nuestro autor era las profundidades del alma, el enigma de las conductas imprevisibles, la violencia de las acciones humanas. Básicamente, pensaba, aunque cada ser es diferente, único, hay algo común en todos ellos, independientemente de su edad, país, o circunstancia histórica. El ser humano está mal hecho, como lo había dicho Vallejo en uno de sus poemas más célebres. El mal vence al bien casi siempre. Pese a lo dicho y escrito por él, rescatamos una confesión que le hizo a su propia esposa Esperanza Ruiz, estando ya enfermo: la vida merece vivirse. Cada persona, añadimos, debe darse su oportunidad.
En uno de sus cuentos, Alfredo Castellanos escribió: “Un sopor iba adormeciéndolo, las manos se le ablandaban al contacto de su carne. Ya estaba viejo de haber esperado tantos años. Las pupilas se le disolvían en un licor sucio pero la contemplación de la gente no le contrariaba, antes bien parecía alegrarle”.
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Nota publicada con motivo de la presentación de La culpa y otros cuentos de Alfredo Castellanos Barrera en la Casa de la Literatura el 9 de octubre de 2014.
La edición, preparada por Esperanza Ruiz -viuda del autor- y el poeta Gonzalo Portals, nos permitirá apreciar el talento de un escritor a quien no le interesó divulgar su obra y cuyos originales anduvieron perdidos durante cuatro décadas entre los documentos del psiquiatra Mariano Querol.
El eje llamativo de los 9 relatos lo constituye el sentimiento de culpa y la religión, según coinciden los dos reconocidos prologuistas del libro, Elton Honores y Gonzalo Portals.
Alfredo Castellanos Barrera nació en Apurímac el 2 de octubre de 1928 mientras su padre ejercía el cargo de prefecto. Su existencia transcurrió entre Lima y Miraflores, falleció un 11 de diciembre de 1976. Llevó una vida de constantes viajes por el Perú y el extranjero. Es un enigmático narrador de la Generación del 50 que falleció a los cuarenta y ocho años. Castellanos es autor, además, de Relatos fantásticos (2006).






El 3 de mayo de 1945, Madeleine Truel fue enterrada en el cementerio de Stolpe, en el noreste de Alemania, víctima de un kapo del campo de concentración de Sachsenhausen, desenlace fatal de una Marcha de la Muerte que había comenzado a finales de abril.














